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jueves, 29 de septiembre de 2016

Macri, sobre datos de pobreza: "Este es el punto de partida para que me evalúen"

Tras la difusión del índice del Indec, que ubicó la cantidad de pobres en el 32,2%, el Presidente admitió que no logrará el objetivo de ‘Pobreza cero" durante su mandato


"Hace varios meses que no hablábamos", le recordó ayer Mauricio Macri a los periodistas antes de dar paso a la primera de 10 preguntas en una conferencia de prensa como no protagonizaba desde junio, convocada casi de sorpresa por la mañana, en la Quinta de Olivos, residencia en la que prefiere atender los miércoles. El tema lo ameritaba: minutos antes, tras un impasse estadístico de 3 años, el Indec había revelado que el 32,2% de los argentinos es pobre. La contundencia del dato llevó al Jefe de Estado a marcar un punto de inflexión: si el slogan ‘Pobreza Cero‘, que ayer volvió a calificar como utópico para un mandato, fue su promesa de campaña; bajar esa cifra será su principal objetivo de gestión.

"Quiero decirles que este punto de partida que tenemos hoy es sobre el cual quiero y acepto ser evaluado como Presidente", se comprometió.

Para el Gobierno, septiembre será borrón y cuenta nueva: por un lado, durante una charla de 25 minutos, el Jefe de Estado culpó a la "pesada herencia" del kirchnerismo, en especial por la ausencia de datos; pero por el otro, se encargó de esquivar el reciente informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), que estimó en 1,4 millones de nuevos pobres en lo primeros meses de su mandato.

"Hoy el Indec está poniendo la verdad sobre la mesa. No más negaciones. No más mentiras, como que en Argentina hay menos pobres que en Alemania", reprochó Macri la tristemente célebre comparación del entonces Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Por esa época, la propia Cristina Fernández de Kirchner, en Roma, calculó la pobreza en el país por debajo del 5%, con datos de 2013 de un Indec intervenido desde el comienzo de su primer mandato.

"Estoy para hacer todas las autocríticas. Ahora estamos empezando a tener estadísticas reales. Lo que teníamos antes no respetaba la realidad, era una manipulación. Este es el equilibrio económico de la Argentina, sin cepos, sin distorsiones en la economía de todos los días, que generaban situaciones que no eran reales. Este es el punto de partida", sentenció Macri ante una pregunta del canal TN sobre el impacto de sus propias medidas en el índice según la UCA. "Es correcto", se limitó a reivindicar aquel informe privado, con una cifra muy cercana a la oficial. Pero otra vez, la vara medirá para adelante.

Por eso ayer, en despachos oficiales, aguardaban el peor número posible: "Cuanto más alto sea, más posible será bajarlo", evaluaban lo "positivo" de la "pesada herencia". "Que uno de cada tres argentinos se encuentra debajo de la línea de la pobreza es algo que nos tiene que doler, que dar bronca", remarcó Macri.

"¿Un acuerdo que firmamos con quién?", dijo alejándose del micrófono, mientras un periodista terminaba la pregunta sobre el freno judicial al convenio oficial con la cadena McDonalds. Macri le consultó a la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, su compañera en el atril de al lado en la conferencia. La respuesta presidencial fue genérica.

Y no fue la única. En varios tramos, el mandatario esquivó precisiones. Como cuando se lo consultó por metas previstas hasta 2019 para disminuir el 32,2%. "Medir cuánto va ir bajando la pobreza año a año es muy difícil saberlo porque sería decir con certeza cuánto vamos a crecer y cuánto trabajo va a generarse", recalcó el Presidente. Pero agregó que, cada seis meses, con la difusión de una nueva estadística del Indec, será un examen para su gobierno, "para ir corrigiendo el camino".

Pensando a largo plazo: como ya lo había hecho antes, volvió a admitir que ‘Pobreza Cero’ es obvio que no se puede alcanzar en cuatro años. "Buscamos un camino de la que todos podamos ser protagonistas. Es un camino de desarrollo de planes, de igualdad de oportunidades", añadió.
Macri también evitó definiciones sobre la cumbre oficial de hoy, para evitar el paro, con la cúpula de la CGT (ver Página 7). "No es la ’reunión de (Alfonso) Prat Gay’. La supo vender así", se quejaban ayer en Jefatura de Gabinete por el protagonismo del ministro de Economía.


miércoles, 28 de septiembre de 2016

Una tecnológica le llevó a Macri su plan de inversiones por $ 1.000 millones

Iplan: La empresa hará los desembolsos en un lapso de tres años. Proyectos de datacenter y servicios de nube.


El Presidente Mauricio Macri abrió la quinta de Olivos a directivos de Iplan, la empresa proveedora de servicios de Internet, quienes le informaron su plan de inversiones para los próximos tres años: 1.000 millones de pesos.

Macri escuchó el anuncio de boca de Pablo Saubidet, co-fundador y presidente de la compañía y del vicepresidente de la compañía, Daniel Nofal.

Prticiparon de la audiencia el ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad; el director general de Inversiones de esa cartera, Esteban Vainer, y la secretaria de Promoción de Inversiones, Clarisa Estol.

Los directivos informaron al Presidente detalles del plan de inversiones previsto por la empresa, que apuntará a reforzar su estrategia de negocios de datacenter y de los llamados servicios de nube (cloud computing), como se conoce al procesamiento y almacenamiento masivo de datos en servidores.

También estará orientado a incrementar el negocio de telecomunicaciones tradicionales y a ampliar su red de comercialización mayorista de voz y de datos a Estados Unidos y a países de América latina, indicaron autoridades de la firma.

Además, servirá para completar en los próximos 24 meses el despliegue de la tecnología GPON en su red de fibra óptica, lo que permitirá desarrollar servicios de Internet de gran alcance y alta velocidad.


lunes, 26 de septiembre de 2016

Macri se reunió con el CEO de la gigante química de China

Ren Jianxin, de ChemChina, suscribió este año un acuerdo para comprar la semillera suiza Syngenta.


Poco antes de volar hacia Colombia, Mauricio Macri se reunió esta mañana con el CEO de ChemChina, la gigante química del país asiático que en febrero suscribió un acuerdo para quedarse con la multinacional suiza Syngenta.

De la reunión con Ren Jianxin, que tuvo lugar en el sector militar del aeroparque Jorge Newbery, también participaron el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile; y el asesor en Inversiones Extranjeras, Horacio Reyser.

Dedicada al negocio químico, la estatal ChemChina ofreció en febrero US$ 43.000 millones por Syngenta, especializada en agroquímicos.

Syngenta es una de las líderes en semillas de maíz en la Argentina. Tiene una planta procesadora en Venado Tuerto y una experimental en Santa Isabel, también en Santa Fe, y ya es la número uno en semillas de girasol desde su planta de Camet, en Mar del Plata. 

El desembarco de ChemChina en el negocio agroindustrial argentino a través de Syngenta no sería el primero de una empresa china. Cofco, la mayor alimenticia del país asiático, ya se quedó con Nidera en 2014 y luego con el 100% de Noble Grain.

Beijing quiere crecer en los agronegocios en los países productores de materias primas y Nidera juega en los primeros puestos en semillas de soja, maíz, trigo y girasol. Fue la compañía que introdujo las primeras variedades de soja transgénica de la estadounidense Monsanto y trajo tecnología francesa para el trigo que permitió mejorar los rindes. 

Noble Grain, que pertenecía a capitales de Hong Kong, era muy fuerte en el negocio exportador de granos. Ahora Noble y Nidera están en un proceso de integración que las llevaría a ser en el negocio de la comercialización mundial de granos la segunda del mundo detrás de Cargill. En el país, ambas suman en torno al 10% de las exportaciones agrícolas.


martes, 20 de septiembre de 2016

CFK no podía vivir sin él, ¿Macri tampoco?: los motivos reales que llevan a sostener el Impuesto a las Ganancias

Los anuncios realizados por Alfonso Prat Gay sobre un ajuste en etapas generaron malestar entre sindicalistas y trabajadores. Sin embargo, el Ejecutivo tiene sobrados motivos para eludir sus promesas de campaña a la hora de introducir reformas en el gravamen. Gobernadores, aliados impensados


Buscamos modificar las escalas, pero de manera gradual. No tenemos las herramientas para modificarlo en uno o dos años".

La frase pronunciada por Alfonso Prat Gay sobre la próxima reforma del Impuesto a las Ganancias confirmó los peores temores de los empleados: el alivio que tanto esperaban seguirá durmiendo el "sueño de los justos".

Dicho de otro modo: no sólo continuarán sufriendo las elevadas alícuotas durante el 2016 (en muchos casos alcanzan el 35%, la más alta en la escala), sino que, además, tendrán que seguir soportando una fuerte carga fiscal durante los próximos años.

Esta situación deja en evidencia que, más allá de las promesas electorales, hay una cruda realidad en el plano fiscal que el Gobierno no puede evitar. 

Con un rojo mayor al previsto, el aporte de Ganancias a la caja del fisco sigue siendo un recurso que el Ejecutivo no puede darse el lujo de prescindir.

Sobre todo cuando, tal como acaba de admitir el ministro, la velocidad a la que se reducirá el agujero fiscal será menor a la que se había previsto.

Así, el Gobierno "descubre" algo que el kirchnerismo sabía desde hacía tiempo: la "virtud" del impuesto a las Ganancias es que, incluso en un escenario recesivo, es un gravamen que rinde en términos de recaudación.

Esto es así porque no depende de las rentabilidades reales sino, más bien, de los aumentos nominales de los ingresos -tanto de facturación empresaria como de salarios de empleados-.
Además, en un contexto en el que el país acumula una alta inflación, el aporte de Ganancias al fisco está más que garantizado.

Sin embargo, los funcionarios se encontraron con una sorpresa: aun con todas estas ventajas mencionadas, este año este tributo perdió algo de peso en la "torta" de la recaudación en relación con otros impuestos.

Si con un "ajuste light" como el implementado en febrero se produjo una contracción frente al total de ingresos, en el Gobierno razonan que las consecuencias podrían ser mucho más "incómodas" si se practicaran las modificaciones que la oposición y los sindicatos están reclamando.

Los números informados por Alberto Abad todos los meses muestran que el retroceso de Ganancias no se limita al comparativo frente a otros tributos.

Por lo pronto, este gravamen también perdió otra batalla: contra la inflación. Es decir, no creció en términos reales. 

Este es, precisamente, el verdadero motivo que llevó al Gobierno a exponerse a las críticas y a pagar el costo político de que lo acusen de estar incumpliendo con sus promesas electorales.

Y, por sobre todo, deja en evidencia una cruda realidad que golpea al Ejecutivo: tal como le pasó a Cristina Kirchner en los últimos años de mandato, Mauricio Macri tampoco puede prescindir tan fácilmente de Ganancias.

Esta, por cierto, no es la primera "desilusión" que sufren por parte de este Gobierno aquellos empleados que están obligados a pagar el gravamen. La primera había tenido lugar en febrero, tras el anuncio oficial del ajuste del mínimo no imponible. 

En aquel momento, Macri rompió su promesa de campaña, dejando de lado la tan esperada actualización de las escalas. Además, terminó incorporando más personas tras los cambios. 

Las estimaciones realizadas en aquel momento advertían que por lo menos unos 220.000 dependientes volverían a enfrentarse a las "temidas" retenciones de Ganancias, que se verían plasmadas en sus recibos de sueldo.

Así, en cuestión de horas, se terminó evaporando el alivio que sintieron muchos empleados tras la actualización anunciada con bombos y platillos por la Casa Rosada.

Sucede que, al haber sido modificado justo antes de las paritarias, bastó un pequeño incremento para que gran parte del alivio se perdiera otra vez en manos del impuesto. 

La "Ganancia-dependencia", en clave K

La encrucijada a la que quedó expuesto Macri no es otra que la experimentó su antecesora, Cristina Kirchner, en los últimos años de su gobierno. Aunque, claro está, con algunas diferencias.

Durante el kirchnerismo, el Impuesto a las Ganancias era el protagonista de los anuncios de recaudación, rompiendo todos los récords mes a mes y cobrando una importancia cada vez mayor en el share.

El crecimiento del gravamen tuvo su punto cúlmine durante el 2015. El año pasado, la porción exclusivamente tributaria (es decir, dejando fuera los ingresos aduaneros) llegó a representar un 25% de lo recaudado.

Con este nivel, Cristina sabía que contaba con fondos que le permitirían sostener políticas sociales, un aspecto clave para un período electoral. 

Además, el alza en la recaudación de este tributo le permitía compensar el bajón que estaban experimentando el resto de los gravámenes, arrastrados por la recesión.

Sin embargo, este fenómeno bautizado como "Ganancias-dependencia" terminó generándole a la ex presidenta rispideces cada vez mayores con los gremios y trabajadores, que veían cómo sus salarios eran diezmados por el efecto del tributo.

Las justificaciones que esgrimía la entonces mandataria no hacían más que aumentar la crispación social. Por ejemplo, como cuando advirtió que recaía exclusivamente sobre los empleados de "altos ingresos".

Ahora las cosas cambiaron. Sin dejar de ser un impuesto relevante, durante 2016 mostró una reducción importante en total recaudado: en los primeros ocho meses, mostró una caída de tres puntos. 

En concreto, la porción impositiva de Ganancias (sin considerar el aporte del comercio exterior que, al contrario de lo sucedido durante el kirchnerismo, muestra un crecimiento sostenido) pasó a representar un 21% del total.

A la hora de encontrar motivos para explicar esta contracción, los tributaristas hacen hincapié en dos puntos:

El ajuste en el piso del gravamen para empleados (que pasó a ser de $18.880 para solteros y $25.000 para casados con dos hijos).

La devolución de las retenciones por gastos con tarjetas fuera de la Argentina y por compras de divisas o pasajes al exterior.

Las expectativas del equipo económico antes de asumir parecían claras: en un contexto recesivo, y con un ajuste acotado como el introducido en febrero, parecía suficiente para que el gravamen no perdiera el protagonismo que tuvo.

Al ser un tributo que no se ve tan afectado por la caída en el ritmo de actividad (como sí sucede con el IVA), la idea era que, al menos en términos nominales, la recaudación por Ganancias continuara creciendo en términos reales. 

Pero las cosas no salieron como pensaba el macrismo. Para agravar el panorama, se pagó una "herencia" de los tiempos kirchneristas, porque tocó devolver las retenciones que se cobraban por operaciones en dólares y para la adquisición de divisas con destino turístico.

Así, no sólo se dejó de recaudar el 20 o 35 por ciento sino que, en la actualidad, el fisca está devolviendo los importes a aquellos que no debían pagar ni Ganancias ni Bienes Personales.

Estos son los motivos que explican por qué el impuesto que crecía sin parar (ganándole la pulseada incluso a la inflación durante el kirchnerismo) pasó a ser una sombra de lo que fue. 

Conscientes de esta realidad, en el equipo económico de Macri no hay voluntad de que la torta de la recaudación se siga achicando.
De modo que la idea de ajustar las escalas de un tirón seguirá siendo una cuenta pendiente.

Un "termómetro" financiero

La postura del Ministro de Hacienda está dejando al descubierto la falta de cumplimiento de una de las principales promesas electorales.

Pero también exhibe la verdadera situación financiera por la que está atravesando el Gobierno.

Acorralado por un rojo fiscal que, pese a sus intenciones, todavía no pudo ser domado, sabe que tiene poco margen de maniobra para cubrir todos los objetivos planteados. 

La delicada situación de las finanzas se explica por dos factores: por un lado, influye el aumento del gasto público y, por el otro, la baja en la recaudación general que se ha venido repitiendo en los últimos meses.

Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) resalta que durante el primer semestre hubo una expansión de las erogaciones impulsada fundamentalmente por tres rubros:

-Prestaciones a la seguridad social (que explicó un 54% del crecimiento). 

-Transferencias corrientes al sector privado (que se compone principalmente de subsidios económicos a los servicios públicos y a familias).

-Remuneraciones (que explica un 15% del crecimiento del gasto).

Hay otro detalle importante: estos datos son a junio. Es decir que todavía no acusan el impacto de la marcha atrás en el aumento de tarifas de servicios públicos ni el efecto que tendrá en la caja la reparación histórica a jubilados.

En cuanto a los ingresos, basta revisar los datos que informa la AFIP sobre recaudación impositiva de los últimos meses para confirmar que el escenario no es el que el equipo económico deseaba tener. 

Sin ir más lejos, en agosto las entradas tributarias en las arcas del Estado mostraron un incremento del 25% respecto al mismo mes de 2015, mientras que en julio la suba interanual había sido del 23 por ciento.

Los números no serían malos en una economía estable. Sin embargo, el aumento de precios acumulado en esos meses terminó aguando la fiesta: la recaudación, en definitiva, terminó unos 15 puntos por debajo de la inflación. 

Este panorama obligó a recalcular los números de cara al 2017. El resultado: el déficit estimado dejó de ser del 3,3% para el año que viene, para convertirse en un rojo del 4,2% del PBI.

Al momento de justificar los cambios en el Presupuesto 2017, las palabras de Prat Gay fueron tan crudas como simples: "Es más alto de lo previsto, pero realista". 

Los hechos también confirman que el Ejecutivo no tiene más remedio que el de no resignar un solo peso de la recaudación. Aun a costa de tomar decisiones que, como las de Ganancias, sean más resistidas que aplaudidas.

Los gobernadores, la otra mitad del problema

Los números de la recaudación del impuesto preocupa a los integrantes del equipo económico. 

Pero no son los únicos que miran con detenimiento las planillas con los números cada vez que Abad realiza un anuncio.

Los gobernadores también están muy atentos a cualquier modificación.

Ocurre que, debido a que el impuesto tiene una forma especial de coparticipación (diferente, por ejemplo, al IVA o al del Cheque), los líderes provinciales pueden verse afectados ante un cambio en el gravamen.

Tal como diera cuenta iProfesional, las provincias reciben en forma directa más del 45% de los fondos que se obtienen por Ganancias. Esto convierte a los gobernadores en "socios" del Estado nacional.

Y hace que, sin ser las caras visibles, terminen festejando por lo bajo cada vez que la recaudación del tributo levanta cabeza. Pero, al mismo tiempo, también son los primeros que se preocupan si baja. 

Este es el principal motivo por el que se hace difícil encontrar a un gobernador que se "rasgue las vestiduras" en público ante el "flagelo" que representa el tributo que recae sobre los asalariados.

Es lógico: un ajuste sustancial puede ser determinante en sus finanzas. Más si se tiene en cuenta que la mayoría de las jurisdicciones ha optado por aplicar políticas de ampliación de empleo público (es decir, un gasto inelástico) para obtener mayores adhesiones. 

Los diputados y senadores que representan a cada una de esas provincias también lo saben. Por eso es que no tomarán una decisión que termine perjudicando sus finanzas. 

Precisamente por ello, el Gobierno de Macri intentará que la discusión sobre la nueva reforma del Impuesto a las Ganancias (que plantea un ajuste que se aplicará recién el año que viene) se realice junto al Presupuesto 2017. 

El objetivo del oficialismo es el de condicionar a la oposición para lograr obtener los votos necesarios para que la Ley de Leyes obtenga los sufragios necesarios sin mayores condicionamientos.

No va a ser una tarea sencilla. Una muestra clara de ello fue la reunión que mantuvieron los gobernadores provinciales con el fin de unificar una estrategia para gestionar la incorporación de fondos nacionales en el Presupuesto 2017.

Sin embargo, el oficialismo contará con una ayuda adicional y, sobre todo, inesperada en un escenario donde Sergio Massa está distanciándose del Gobierno: Facundo Moyano, del Frente Renovador, que reclamará el tratamiento conjunto.

Claro que la postura del hijo del líder camionero es distinta a la que plantea el Ejecutivo.

La idea del joven legislador es la de lograr que Cambiemos cumpla con sus promesas de campaña y no sólo actualice las escalas del gravamen, sino que también incorpore un mecanismo de actualización automática.

Las discusiones prometen ser acaloradas y la victoria del oficialismo todavía no está garantizada.
Mientras los funcionarios se desvelan pensando en las estrategias que les permitan obtener un triunfo, hay algo que queda claro: Macri ya tomó la decisión.

Como en su momento lo había hecho la propia Cristina Kirchner, el Presidente parece dispuesto a pagar un costo político con una medida impopular.

Es que llegó a la conclusión de que, al igual que su antecesora, no puede vivir sin el Impuesto a las Ganancias. 


 
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